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29 de mayo de 2011

CLEPTOCRACIA: LA MAYOR PANDEMIA DESTRUCTIVA DEL SIGLO XXI

El término cleptocracia viene del griego Kleptein, que significa ladrón; y Kratos, gobierno, es un sistema de gobierno donde a nombre de un partido político, alianza electoral, coalición o movimiento político ya sea oficial o secreto, una banda organizada de ladrones institucionaliza un gobierno que administra el poder público y privado basado en el robo de los recursos y el aprovechamiento de todas las oportunidades de la gestión pública y privada para el enriquecimiento personal, familiar y de sus grupos conexos.
¿Qué es Cleptocracia?



Es un término de reciente acuñación y se usa despectivamente para decir que un gobierno es ladrón y corrupto por recurrir al nepotismo, clientelismo político, peculado, malversación de fondos, etc. de forma que sus acciones delictivas quedan impunes, gracias a que todos los sectores del poder actúan similarmente, desde la justicia, los militares y funcionarios de la ley hasta la prensa rastrera, el sistema político, económico y administrativo (1).



La cleptocracia llega al poder generalmente por la vía de las elecciones para “legitimarse” o por los autogolpes, aclamaciones, arreglos reglamentarios, e incluso cuentan con instancias pseudo fiscalizadoras para camuflarse ante el pueblo. Esta banda de ladrones, habilidosa y cínicamente usa el poder público para asegurar el lucro de los empresarios privados con los que se vincula. La integran viejos y mañosos políticos asociados a otros nuevos procreados y acuñados con las mismas mañas. Sobresalen los gángsters o sicarios de cuello blanco que se muestran dinámicos y transitan de partido en partido, de ideología en ideología, o desde la dictadura a la democracia o viceversa. Merodean entre estos los oportunistas de siempre (“cazafortunas”), los profesionales incapaces, pero ávidos de poder y estatus; y tampoco faltan los dirigentes populares mediocres y vividores (2).


Los cleptócratas, por su naturaleza delincuencial, constituyen gobiernos absolutistas, discrecionales y sin transparencia. El abuso de poder de aquellos que encarnan la autoridad, tanto para manipular los procesos políticos, económicos y sociales como administrativos, es una constante; se organizan en distintos sectores y niveles del poder estatal y de la sociedad civil; estructuran sistemas globales, regionales, nacionales, locales e institucionales, por eso, cuando se les agota un régimen no dudan de pasar a otro, sea este centralizado, descentralizado o autónomo, todos ellos sirven a sus fines.

Para Besberry, Jim, Asesor del Banco Mundial (3) “...a los cleptócratas no les interesa el medio para llegar al poder, simplemente se desarrollan como un cáncer corrompiendo a más personas hasta que toman el control total de las instituciones. Precisa, además que “...cuando la corrupción se convierte en un habito diario, los sobornos se hacen parte de la estructura de costos de los empresarios y en suplementos de sueldos de empleados públicos y privados”.

La globalización de la cleptocracia es, sin duda, una de las mayores pandemias que afectan al mundo actual. Prácticamente constituye un mal endémico en muchos países del mundo, en mayor o menor grado. En América Latina destacan Perú, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua y  Venezuela que padecen o han padecido este pernicioso mal.

En países asiáticos, africanos y latinoamericanos han sido denunciados y procesados ministros, jueces, gerentes e inclusive presidentes o jefes de gobierno. En algunos casos se han derribado estructuras completas de gobierno hasta ser destituidos y encarcelados; otros países más radicales han fusilado a los corruptos sin contar a los que se suicidaron al ser descubiertos.

Rasgos de la cleptocracia

En una cleptocracia los mecanismos del gobierno de un Estado se dedican casi enteramente a gravar los recursos e ingresos de la población del país (por medio de impuestos que no se les retribuye a ellos; desvíos de fondos de privatizaciones y otros negociados). Los dirigentes del sistema cleptocrático amasan grandes fortunas personales, en especial el presidente o el mayor cargo de jefe de estado, junto a sus más allegados, como los ministros y asesores personales. Esto se repite a menor escala a nivel regional, institucional o empresarial.

En la cleptocracia el dinero es lavado o se desvía a cuentas bancarias secretas e inaccesibles, por lo general en los llamados paraísos fiscales  como forma de encubrimiento del robo (4).

La cleptocracia se da generalmente en las dictaduras o gobiernos autocráticos, puesto que en la democracia se hace más difícil encubrirla, aunque ha habido casos de gobiernos en apariencia democráticos que han sido considerados cleptócraticos ("democraduras").

La ideología o supuesta ideología profesada, tiene poco o casi nada que ver con el cleptócrata. Así se puede mencionar a socialistas como  Milosevic, o capitalistas como Suharto u Fujimori, todos ellos catalogados como cleptócratas por Transparencia Internacional.

Detrás del poder cleptocrático se organizan los aparatos del sistema, compuestos por destacamentos policiales y militares con mando centralizado, cuentan con espías, medios de comunicación y mercenarios manipuladores y depravadores de la ideología y de la opinión pública. Se estructuran redes de lealtades en el poder judicial prevaricador; y todos actúan con la arrogancia y la desfachatez de sentirse lavados y validados por la democracia, el olvido público y la autoridad oficial y la ley: Obviamente los cleptócratas no se inmutan ni ruborizan por la dimensión del prontuario, incluso hacer alarde de la dimensión de sus fechorías.
  
Secuelas de la cleptocracia

La secuela que deja la cleptocracia tiene como frondoso inventario obras públicas con sobre precios; obras fantasmas y otras innecesarias o de pésima calidad; licitaciones manipuladas o arregladas, ventas de empresas públicas y patrimonios del Estado subvaluadas, privatizaciones o expropiaciones convenidas, grandes delitos tributarios, desvió y saqueo de los fondos sociales, malversación de las donaciones, ayudas internacionales y de los créditos de fomento; el tráfico de Leyes, Decretos, Resoluciones y sentencias judiciales; alianzas políticas mercantiles, gestiones financieras dadivosas, lavado de dinero, protecciones al narcotráfico y el terrorismo; y todo ello amparado en la impunidad oficial y el sistema de lealtades delincuenciales y el uso y abuso del poder.

La existencia de este sistema socioeconómico y político maligno, tanto a nivel global, nacional, regional, local e institucional, y en lo público y lo privado, es conocido por la sociedad o parte de ella, pero tolerado por la hipocresía social y amparado por el poder que, finalmente degrada las condiciones de vida de los pueblos, que se ven empobrecidos y envilecidos por la miseria, dificultando los procesos del desarrollo humano. 

Las economías basadas en la extracción de materias primas ( minerales, petróleo, gas, etc.) son históricamente las más vulnerables y proclives a la creación y afincamiento de las cleptocracias. África, Asia y América Latina son, concretamente, las regiones más propensas a contraer esta pandemia que, lamentablemente, puede dar lugar a la instauración de un Estado fallido.

El Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político y económico, por tener un gobierno ineficaz y desinteresado con las necesidades de la población, que pierde control sobre vastas regiones de su territorio, o incapaz de proveer servicios básicos a la población pobre, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad, de refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica (5).

Ranking de los diez mayores cleptócratas del mundo

Según información de Transparencia Internacional difundida en la BBC y Wikipedia, son ejemplos de cleptocracia los gobiernos de los tristemente célebres Suharto, Fernando Marcos, Mobuto Sese Seko, Sani Abacha, Milosevic, Duvalier, Alberto Fujimori, Lasarenko, Arnoldo Alemán y Joseph Estrada, considerados como los 10 mayores cleptócratas de todos los tiempos a nivel mundial.


El Informe Global de la corrupción de Transparencia Internacional (1), poco difundido en el medio latinoamericano y particularmente peruano, señala que Alberto Fujimori, Presidente del Perú durante el período 1990-2000 y hoy encarcelado en la DIROES, ocupa el sétimo lugar en el ranking mundial de los mayores cleptócratas del mundo con 600 millones de dólares en su haber. ¿Dónde está ese dinero perteneciente a todos los peruanos? ¿Qué hacer para recuperarlo y usarlo para el desarrollo de las regiones empobrecidas?

¿Qué hacer contra la cleptocracia?

Para superar la gravedad de la cleptocracia, es necesario ponerlo, sin temor, en la agenda social. Que los nuevos líderes políticos tengan voluntad de enfrentarla y definan integralmente a largo y corto plazo, estrategias, políticas, programas y proyectos de prevención, persecución y sanción drástica de la corrupción en todas sus modalidades, empezando por hacer imprescriptibles los delitos, encarcelando al corrupto previo juzgamiento y, cómo no, fortaleciendo y democratizando el sistema de partidos políticos.

Pero sobre todo, es prioritario mejorar cualitativamente la educación familiar y formal basada en nuevos valores y la capacitación integral y permanente en materia de ciudadanía responsable, lo cual es crucial para forjar hogares y comunidades sólidas y plenas de bienestar.

También es necesario forjar una nueva ética y responsabilidad de los gobernantes y gobernados basados en el espíritu de servicio público, la erradicación de la pobreza, la generación de puestos de trabajo decorosos y mayores oportunidades para el desarrollo humano en el siglo XXI.


Referencia:
(1)    Wikipedia, la Enciclopedia Libre. En http://es.wikipedia.org/wiki/Cleptocracia
(3)    Urrengoechea, Juan. En http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=371712
(5)    Wikipedia, la Enciclopedia Libre. En http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_fallido

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