15 de septiembre de 2008

DESARROLLO Y SUBDESARROLLO ECONÓMICO SEGÚN ROSTOW


Por su palpitante vigencia y valioso legado, reproducimos el histórico reportaje al economista e historiador WALT WHITMAN ROSTOW (1916-2003) extraído de la Biblioteca Salvat de Grandes Temas, Nº 25, Barcelona, 1973.

En el pensamiento económico existen dos acepciones diferentes acerca del subdesarrollo: la primera, cuyo exponente más significativo es usted, sostiene que el subdesarrollo es un estado previo al desarrollo, es decir, constituye una etapa normal en el proceso de industrialización de cualquier país, y la segunda, de los autores estructuralistas sudamericanos y de toda la corriente de pensamiento marxista, opina que el subdesarrollo es una consecuencia del desarrollo de unos países y el atraso de otros; constituye una unidad, cuyos términos no pueden explicarse el uno sin el otro. ¿Cuál es su opinión respecto a este problema?.

Las etapas del crecimiento económico

Primeramente, déjeme resumir las que yo considero etapas de crecimiento. Comienzo con el estudio de la sociedad tradicional, definida como aquella que no absorbe de manera regular un flujo de tecnología. Las sociedades tradicionales, históricamente no eran estáticas, tenían ciencia e invenciones, pero no existía en ellas un flujo estable de innovaciones tecnológicas. Por esto su historia es cíclica, ya se trate de pequeñas tribus africanas o de dinastías chinas, imperios, griegos, romanos, persas o hindúes. Estas sociedades podían expansionarse hasta cierto punto, pero siempre se encontraban con un techo tecnológico que las llevaría a crisis complicadas y a una posterior decadencia.

Ahora bien, este módulo cíclico de la historia se rompió en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII. Europa occidental y las colonias estadounidenses se hallaban, en los siglos XVII y XVIII, en lo que yo llamo condiciones previas al take – off. O despegue. Todos estos países estaban avanzando. La Francia de Colbert, en el XVIII, la Rusia de Pedro el Grande, y de Catalina, la España de los Borbones, y por supuesto la Holanda del siglo XVI. Cuando digo que estos países se encontraban en condiciones previas al despegue, quiero decir que se realizaban ciertas tareas funcionales necesarias para la industrialización, pero lejos aún de la moderna acepción del término. Estaban mejorando sus mercados nacionales con carreteras y canales, de modo que las interconexiones de mercado fueron más eficientes. Expansionaban su comercio tanto interior como exterior; habían llegado a producir en gran escala objetos de artesanía y productos manufacturados. En el sentido más amplio, sus sistemas educativos se transformaban.

En este proceso dinámico se tejió la revolución científica. De distintos modos y en conjunción con otras fuerzas, se generó una concentración de talentos innovadores. La Gran Bretaña de los siglos XVII y XVIII no fue el único país en descubrir que la ciencia podía proporcionar inventos provechosos, pero los británicos fueron los primeros en despegar, iniciar el take – off (despegue), en llegar a la primera fase de la industrialización basada en la absorción de nuevas tecnologías. La tarea con que se enfrentó la Europa del siglo XVIIII no fue distinta a la que tuvo que enfrentarse África hacia 1960: construir una infraestructura, educar a los seres humanos para que fueran capaces de utilizar la ciencia, la tecnología y las innovaciones, desarrollar el comercio exterior y prepararse para la industrialización. El take – off se produce habitualmente en un pequeño grupo de sectores y, a veces, solamente en una región del país. En el camino hacia la madurez tecnológica (que ocurre generalmente una generación más tarde), la industrialización se extiende a los otros sectores, en espacial al metalúrgico, químico, eléctrico, electrónico e incluso al agrícola.

El estadio siguiente, al que llamo de consumo masivo, es aquel en que todas estas tecnologías coinciden con un alto nivel de renta media, alrededor de 600 dólares per cápita, para producir automóviles en serie, bienes de consumo duraderos, viviendas residenciales, supermercados, etc. Los Estados Unidos fueron los pioneros de este estadio en los años veinte, Europa Occidental y Japón entraron en él en las décadas de los cincuenta y sesenta.

En mi libro, Politics and the Stages of Growth (La política y las etapas de crecimiento), añadí un estadio adicional que denominé “la búsqueda de la calidad”. Técnicamente, es un estadio en el que ciertos servicios tanto públicos como privados, se expansionan rápidamente: educación, salud, control de la contaminación urbana… Los Estados Unidos entraron en este estadio en los años setenta, Europa occidental lo hace en la actualidad y Japón lo hará en el transcurso de esta década. Es un estadio del que nos queda mucho por aprender.

Ahora bien, ¿cómo se relacionan con Marx? Por mi parte, mis estadíos son una alternativa a los de Marx. Para éste son: feudalismo, capitalismo, socialismo y comunismo. Los míos so los que acabo de describir. Ambos empiezan a converger cuando se llega al último estadio, a la “búsqueda de la calidad”. Para Marx, el comunismo es el estadio en que la escasez ha dejado de pesar sobre la espalda de los hombres. Como romántico del siglo XIX, creyó que hasta entonces los hombres habían sido dominados por lo que él llamó cash nexus, definiéndolo como un deseo egoísta por esas cosas materiales en un mundo de escasez. Pero cuando ésta terminara, creía que la buena naturaleza humana afloraría a la superficie y el trabajo se convertiría en una necesidad para vivir bien, pero no en una condición necesaria para la supervivencia. Como digo en las etapas del crecimiento económico, creo que si todo va bien, podemos llegar a un tiempo en que el trabajo semanal se acorte considerablemente sin la preocupación de la lucha contra la escasez. Pero aún estamos bastante lejos de esto, y no se alcanzaría de una manera tan sencilla como la descripta por la visión romántica de Marx.

Opinión de Rostow sobre el Subdesarrollo

En cuanto a la opinión de que el subdesarrollo debe ser explicado en términos de dependencia –doctrina comunista actualmente muy popular-, creo que toda la historia de la evolución de las naciones, a través de todos sus estadíos, no es la de un desarrollo equilibrado, sino de naciones que se destacan y otras que luego las alcanzan en la carrera por el desarrollo. En uno u otro estadio todas las naciones han sentido la sensación de dependencia derivada de su relativo desarrollo. Los ingleses, en el siglo XVII, la sentían respecto a los holandeses, como muchos países subdesarrollados de hoy la sienten respecto a Estados Unidos, porque los holandeses compraban materias primas a los ingleses y las vendían transformadas en productos manufacturados. La obsesión de Colbert, en el siglo XVII, era la dependencia de los franceses respecto a los holandeses. Incluso el comercio costero francés estaba controlado por barcos holandeses.

El subdesarrollo se debe a la dependencia. Éste es un hecho que surge cuando unas naciones van más adelantadas que otras en las etapas del crecimiento, y las que se han quedado atrás se sienten dependientes, vulnerables y reaccionan intentando conseguir el equilibrio. Algunas veces esta dependencia ha sido directa, como en el colonialismo; en otras, adopta la forma de situaciones seudocoloniales, como en el caso de China, desde las guerras del opio de 1840 hasta entrado el siglo XX. Lo que ha sucedido no se ajusta a las teorías izquierdistas de reducir la dependencia de las naciones más atrasadas intentando la autonomía y prescindiendo del capital extranjero. En el caso de Estados Unidos y Japón, ambos han explotado oportunidades de los contactos exteriores, de capital y de comercio, para modernizarse.



Los estadounidenses fueron los primeros en exponer la doctrina que relaciona la industrialización con un sentido de la dependencia y la independencia. Después de conseguir su independencia política dependían aún en gran manera de los ingleses, respecto a los productos manufacturados. No podían controlar su propio comercio. En 1791, Alexander Hamilton, en un documento presentado al Congreso de Estados Unidos, fue el primero en manifestar la doctrina que hoy hacen suya los países subdesarrollados: “Debe desarrollarse el sector de productos manufacturados, no sólo por la prosperidad, sino para la independencia de nuestra nación”. Desde entonces, ésa ha sido la única respuesta.

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