domingo, noviembre 25, 2012

RICHARD KOO NO DESCARTA QUE BURBUJA INMOBILIARIA PUEDA INCUBARSE EN PERÚ






Invitado por el CIES al Seminario Anual 2012 que acaba de desarrollarse en Lima, el prestigiado economista jefe del Instituto Nomura Research Institute alertó que un descontrol en la política crediticia de los bancos podría incubar una crisis hipotecaria similar a la de Japón, EE.UU. y Europa, economías que intentan detener la crisis erróneamente con la austeridad fiscal.



De la crisis japonesa a la crisis de los EE.UU y de la Zona Euro
Richard  Koo, el invitado especial del Consorcio de Investigación Económica y Social al Seminario Anual 2012 “Economía Global, Crecimiento e Industrias Extractivas afirmó que hace 20 años la Economía japonesa entró en una severa crisis cuyo parecido con la que padecen ahora los EE. UU. y la eurozona, especialmente España, es preocupante. Japón venía de una época descollante conocida como “El Milagro Japonés”. Sin embargo la economía incubaba una burbuja inmobiliaria y de crédito, que terminó de explotar en 1990. Desde entonces, sus políticos han intentado aplicar todo tipo de curas sin mayor éxito. "El diagnóstico fue equivocado", explicó en Lima el influyente Richard Koo, economista jefe del banco de inversión Nomura. "No supimos ver que el país estaba aquejado de una rara enfermedad económica que se da una vez en un siglo, muy parecida a la que afronta ahora casi todo el Atlántico Norte, cuyas autoridades demuestran que no han aprendido nada de la experiencia japonesa. La consecuencia para Japón fueron dos décadas perdidas. De manera que si EE. UU. y Europa persisten en su equivocada gestión anticrisis, les aguarda por delante una década y media de crisis", pronosticó el prestigiado economista japonés.
El diagnóstico erróneo, en Europa, es pensar que esta es una crisis fiscal. Pero esto es falso: la crisis empezó en el sector inmobiliario estadounidense y se convirtió en una avalancha financiera global. Y continúa siendo una crisis bancaria que ha terminado contagiando a la economía en su conjunto, hasta el punto que el corte del crédito determinó el desempleo y la recesión; y a las cuentas públicas (castigadas por las ayudas financieras a la banca y los costos del Estado de bienestar en pleno desplome económico) se agravaron.
La crisis ha contagiado al sistema económico norteamericano y europeo, que se ve incapcez de avizorar soluciones a pesar de los rescates diseñados más para salvar a los bancos que para ayudar a los países con problemas. Las entidades financieras, en especial las alemanas, están cargadas de activos tóxicos (y de deuda pública, que va camino de alcanzar ese estatus). En España, la toxicidad procede de un empacho de ladrillo. Pero Berlín y Bruselas están convencidos de que la crisis es esencialmente fiscal, y que el remedio es una sobredosis de ajustes vía BCE, FMI, reformas constitucionales, lo que sea. "Es un completo disparate", ataca Koo.
Porque esa cura no funciona para el virus europeo, según la tesis de Koo. Especialmente en España. "Imaginemos un país con una enorme burbuja: al estallar, las empresas y familias se quedan cargadas de deudas, y por mucho que los tipos de interés bajen a los noveles mínimos la gente se olvida de gastar y las empresas de invertir, al estar ensimismadas {estas de reducir sus deudas. Lo mismo les pasa a los bancos que no prestan, y más bien se dedican a disminuir sus deudas, tal como ocurrió en Japón y ahora está sucediendo en Occidente. Esa extraña enfermedad se llama recesión de balance".
En tales condiciones, cuando la demanda privada es débil, cuando hay una sequedad de crédito, solo el sector público puede alentar el gasto para evitar la agonía. Así lo hizo Japón en los noventa, y el mundo entero tras la quiebra de Lehman. "Esa reacción suele ser automática. Luego llega lo difícil, el momento del pánico: en 1997 Japón cometió un error fatal, se asustó del abultado déficit en un país envejecido, estancado, sobreendeudado. Entonces puso en marcha un duro plan de austeridad y subió los impuestos, lo cual dio paso a una recesión profunda y al colapso de la banca.
La austeridad que receta Alemania es contraproducente
Koo sostiene que EE.UU aún no se ha asustado tanto. La Reserva Federal de EE.UU. ha concordado y tomado las medidas para no caer en el llamado abismo fiscal, pues si lo hace, no habrá forma de que el sistema monetario lo respalde. Empero, Europa es otra historia. Las curas de austeridad que receta Alemania son contraproducentes. Si quieren reducir el déficit, van a tener lo contrario: una recesión como la que viene es la mejor manera de que la crisis fiscal empeore. Sin estímulos, a Europa le espera una larga temporada de atonía y a España dos décadas perdidas a la japonesa".
El mensaje de Koo es incisivo. Asevera que en Europa no hay margen para gastar y que la deuda japonesa está en el 200% del PBI, la estadounidense y británica en los niveles máximos, y que los intereses que pagan esos países son bajísimos. Hay una razón para ello: los ciudadanos tienen miedo, ahorran más y compran deuda pública: por eso los intereses son mínimos y aún hay margen para el estímulo. Europa y su crisis fiscal parecen una excepción. Koo cuestiona haciendo notar que la única diferencia es que al compartir el euro, el ahorro de los españoles vuela a Alemania, un país más seguro y sin riesgo de tipo de cambio. Gran parte del ahorro europeo va a los bonos alemanes, que pagan intereses muy bajos. ¿Qué hace Alemania con ese dinero? Nada de nada. Pero quizá eso cambie: la recesión les va a golpear y van a tener que gastar. Europa está aprendiendo que hay una recesión de balance, está pagando sus deudas pero no está generando crecimiento.
Koo afirma que la lluvia de liquidez sobre la banca no sirve: la política monetaria es inútil. Hay que volver a los estímulos fiscales. Anunciar que se va a impedir, en el plazo de unos años, que los ciudadanos de un país inviertan en la deuda de otro país europeo. De esa manera la deuda de cada país será proporcional al ahorro interno y eso impedirá cosas raras.
Koo reclama también ayudas sin condiciones para los bancos: "Hay que darles tiempo y dinero para que se quiten la basura de los balances y no cierren el crédito". Pero Trichet dice que la ciudadanía no está preparada para aceptar una segunda ronda de ayudas a la banca. "Pues ese era su trabajo: convencer a la gente de que eso es imprescindible. Trichet debió ser despedido por no hacer su trabajo", dispara.
El caso de España: una recesión dura con alto desempleo
Respecto de España dijo que si el próximo Gobierno sigue con los recortes la recesión será muy dura, el paro crecerá y el déficit aumentará. Mirar solo las cuentas públicas no es suficiente: hay que ver lo que sucede en el sector privado, que está tratando de reducir deuda a toda costa. Si el sector público también lo hace, la cosa se complica. La respuesta está en una Europa menos atrapada por los prejuicios. Hay que suavizar los ajustes, arreglar los bancos y hacer que quienes tienen margen estimulen su economía.
Alemania se benefició durante años de la política económica europea. Cuando peor le iba, la eclosión de sus exportaciones no se dirigió hacia Asia ni EE UU, sino hacia la propia Europa. Es el momento de que los alemanes devuelvan a los demás europeos el favor que les hicieron cuando las cosas les iban mal, cuando disfrutaron de tipos bajos y de la flexibilidad que ahora ellos no quieren conceder a sus socios.
El realismo de China para enfrentar el problema
Para Koo los chinos son los que han comprendido los problemas mejor que nadie. En 2009 pusieron en marcha uno de los paquetes de estímulo más ambicioso y mejor orientado del mundo. Luego siguieron con ellos: son una dictadura, gracias a ello se lo pueden permitir. Mientras Europa y EE UU discuten el riesgo moral, de Keynes y Hayek, de estímulos y austeridad cargados de dogmas, China está a otra cosa. A quienes advierten de una burbuja hay que decirles que los chinos nos pueden dar lecciones de realismo. A la Europa contemporánea construida con esa extraña mezcla de creencias cristianas y dudas griegas, que decía Polanyi, hay que añadirle ahora ciertas dosis de realismo chino y las enseñanzas de la experiencia japonesa para recuperar el aliento. Al menos, así lo ve Richard Koo.
El riesgo de la burbuja inmobiliaria en el Perú

En cuanto a las economía emergentes como la del Perú, Koo dijo que si un país emergente tuviera una burbuja inmobiliaria –es decir, si los precios de sus activos empezaran a aumentar siendo financiados por los bancos–, ello lo empujaría a una crisis parecida a la que viven Japón,  Estados Unidos o la Unión Europea. El riesgo es para cualquier país emergente que tenga un alza constante en los precios del sector inmobiliario. Puede darse en el Perú si la mayoría de personas se hace préstamos de los bancos para comprar casas.
Dijo que no es fácil predecir esa burbuja. Pero desde las políticas públicas debe asegurarse que la gente no tome préstamos excesivos para la vivienda y tampoco que los bancos lo estén presionando. El peor caso que se podría dar es que demasiadas personas compren viviendas y a la vez muchos bancos entren a participar con los créditos. De ocurrir algo así, para minimizar los riesgos, el Banco Central de Reserva debe supervisar permanentemente el sistema. Debe estar atento si los bancos prestan demasiado y ver que sean rigurosos en otorgarlos. También hay ratios sobre cuánto debe cubrir el banco y cuánto el propietario. Además, debe regular que el costo de la vivienda no salga todo del banco.
El encaje bancario es una herramienta para evitar el sobrecalentamiento. Si los bancos están enfrentando una crisis, el Gobierno Central puede subir o bajarlo, según la circunstancia. Para alertar de una posible burbuja hay que revisar todo, incluido el flujo de caja que proviene del costo de las viviendas, y eso tendría que ser justificado por el valor de la tasa o el del alquiler. Otro elemento podría ser el precio. Si uno ve que se ha excedido, allí debería reaccionar. Hay que ver la evolución de los precios de la vivienda por muchos años. Hay que observar la tendencia histórica.
Hoy se dice que el Perú tiene la menor inflación y que su crecimiento es el más alto. La gente podría pensar que es el mejor momento para comprar vivienda y los inversionistas, de vender. Si son muchas los que lo hacen, ello podría generar una burbuja inmobiliaria. Aprecie a  continuación las cifras recientes del sector inmobiliario peruano:

A lo dicho por Koo, es necesario acotar que los créditos hipotecarios se incrementaron en 167% en los últimos cinco años y representan el 4% del PBI, cuando hasta hace unos años no sobrepasaban al 2%. Hay, asimismo, 165 mil créditos hipotecarios vigentes con niveles de morosidad de 1%, los cuales se suelen pagar anticipadamente entre 13 y 14 años. El gerente de negocios inmobiliarios del BBVA reveló que en setiembre colocó unos 950 créditos, el récord histórico del banco. El BCP, el mayor colocador de préstamos, no quiso dar sus cifras. Por estos motivos, las unidades vendidas aumentaron en 11,8% del 2009 al 2010 y en 38,2% del 2010 al 2011 (21.599 unidades), según Tinsa. Para el 2012, se espera vender unas 25.000 viviendas. Además, la velocidad de ventas también ha ido en aumento, de 1.134 unidades por mes a 1.189 entre el 2008 y el 2011 (2). 
Referencias:



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